Ciberactivismo: ¿nada va a cambiar el mundo?

Lorena M. Cabrera

«Nothing’s gonna change the world» —nada va a cambiar el mundo. Esta letra de Marilyn Manson martillea mis pensamientos como el corazón delator al personaje de Poe cada vez que conecto la televisión, hojeo las noticias o la calle me demuestra que podemos ser lobos para otros sin arrugar nuestros trajes de borregos. Desigualdad, pobreza, injusticias… y, ¿qué hacemos? O, mejor dicho, ¿podemos hacer algo? Nuestros problemas ya pesan demasiado como para cargar con las losas de una humanidad cada vez ¿más (in)humana?

Pero, muertos los grandes líderes, caídas las ideologías, ya lo decía Vázquez Montalbán, en algo habrá que creer más allá de la existencia del colesterol. En definitiva, el individuo puede verse reflejado en los rostros anónimos que comparten sus mismas penalidades, idénticas inquietudes. ¿Por qué no levantar entonces la mirada del ombligo para unirnos?
Es ahí donde entran en juego las acciones colectivas que, sumadas, son capaces de generar grandes cambios. Para canalizarlas ha surgido un nuevo púlpito sin derecho de admisión reservado: las redes sociales. La web 2.0 ha permitido que el individuo forme parte de ese cuarto poder, hasta ahora, limitado a los medios de comunicación, con la ventaja de que resulta más complejo para los Estados censurar sus contenidos que colocar una mordaza a la prensa tradicional.

De Generación Y a #freevenezuela

Para comprobarlo basta con analizar lo que sucede en países como Cuba o Venezuela. Tanto los Castro como Chávez mantienen a raya a los medios convencionales, pero no han podido hacer lo propio con las voces disidentes en la red. En el caso de la isla caribeña, la periodista Yoani Sánchez ha conseguido, no sin problemas, que su blog, Generación Y, muestre la realidad cubana desde una perspectiva crítica. Aunque su bitácora está bloqueada en Cuba, su eco resuena en todo el mundo. Ha sido traducida a 17 idiomas y ha llegado a tener 14 millones de visitas al mes. En lo que respecta a Venezuela, la población ha encontrado un filón en Twitter para mostrar su descontento por la gestión de Chávez. Bajo el hashtag #freevenezuela se han llegado a emitir hasta 10.000 mensajes en una hora.

Precisamente por el poder que la web 2.0 confiere al individuo, cada vez más, los Estados se preocupan por su control. En Rusia se llegó a coordinar un Ataque de Denegación de Servicio contra un solo usuario, en concreto un bloggero pro Georgia que se hacía llamar Cyxymu, según publicó BBC Mundo. El ataque afectó a sitios como Google o Facebook, pero principalmente a Twitter, cuyo servicio sufrió un apagón de dos horas. En una entrevista para el diario inglés The Guardian, Cyxymu, que criticó duramente al gobierno ruso por su ataque a Osetia del Sur, culpó al Kremlin de ordenar su ciber-silenciamiento.

El poder de la web 2.0

Irán, por su parte, redujo su banda ancha y censuró distintos blogs después de que, tras la polémica elección de Ahmadinejad, los ciudadanos que reclamaban el triunfo de Mousavi cargaran sus tintas en YouTube, Flickr, Facebook y Twitter -la red de microblogging incluso retrasó los trabajos de actualización durante la protesta para que continuara la comunicación. El e-activismo de los iraníes fue tal que entre el 16 y el 17 de junio se publicaron 2,5 millones de post y se subieron a YouTube 3.000 vídeos sobre este asunto.

Pese a la censura, a través de la web 2.0 millones de ciudadanos de todo el mundo siguen organizando acciones conjuntas, con más o menos éxito. Las estadísticas ‘demuestran’, no obstante, que mucha gente está dispuesta a apoyar causas a través de internet, pero poca las saca de sus pantallas para trasladarlas al asfalto.

El mundo lo cambiamos entre todos

No se trata de sentirse «Malcom X por compartir un mensaje reivindicativo en Facebook», como ironiza El Mundo Today en una de sus cómicas no-noticias. Se trata, más bien, de superar la realidad virtual, de modo que las protestas no se pierdan en el limbo del ciberespacio.

Un ejemplo claro de ciberactivismo trasladado a las calles con gran éxito se produjo en 2008 en Corea del Sur. A través de la red se coordinó la que resultó una de las mayores manifestaciones en la historia del país. La protesta provocó la dimisión en bloque del gobierno de Lee Myung Bak. En este caso, los ciudadanos usaron la web 2.0 y el periodismo ciudadano para cuestionar decisiones como la importación de carne de vacuno que podía estar contaminada con el Mal de las Vacas Locas.

Existen otros muchos casos que abordaremos en próximos post y demuestran el poder del ciberactivismo. Los futuros los impulsaremos juntos porque, efectivamente, «nada va a cambiar el mundo»: el mundo lo cambiamos entre todos.

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Showing 2 comments
  • Juan Carlos
    Responder

    Lorena, lo único que no cambia en el mundo, es que todo cambia.

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