Presos de La Voz del Mako visitan la Alhambra

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Foto de familia: Internos de La Voz del Mako, educadores y monitores posan en el Generalife.

Agustín pidió que le pellizcáramos porque no estaba seguro de que fuera real la posibilidad de disfrutar de la libertad de pasear por unas horas por la Alhambra y sentarse luego en la terraza de un bar del Realejo.

Recordé en ese instante las palabras del Gilbert Gratiant: “Toda prisión tiene su ventana”. Y por un momento tuve el convencimiento de que, más allá de las sombras que proyectan los muros de una cárcel, es posible dar con el lado soleado de la vida. Agustín, Celia, Jhon Jairo y Carlos están ahí, casi al final del túnel después de haber patinado por suelos encerados y cabalgado cuesta arriba por calles de hielo.

Difícilmente se nos olvidará esa visita a la Alhambra; para todos ellos la primera vez a excepción de Carlos, avispado ya de niño cuando, en lugar de pasar por taquilla, accedía al recinto por la gatera de un muro próximo al río Darro. Celia estaba radiante, más dicharachera que nunca, ilusionada con su nuevo rol en el Centro de Inserción Social, consciente de que su suerte ha cambiado; y Jairo ‘El Negro’, el informático, siempre discreto y cerebral, confesaba que se siente ahora afortunado, dando pasos en la buena dirección y adaptado a su nuevo lugar de reclusión, el CIS.

Palacio Carlos V Presos Alhambra Voz del mako

Agustín, Celia, Carlos y Jairo sonríen en su visita al Palacio Carlos V.

Todos ellos posaban sonrientes en el Palacio de Carlos V mientras operarios del Festival Internacional de Música y Danza daban los últimos retoques al escenario para el espectáculo de esa noche. Les pedí una vez más que “los cuatro artistas” posaran ante la cámara. Me salió del alma, de forma espontánea. A Celia, siempre perspicaz, le hizo gracia “la sutil manera de llamarnos delincuentes”.

Fue una de tantas anécdotas de un día imborrable. Como la que protagonizó Agustín a la hora de la comida, con su tarjeta naranja colgada del cuello –el pase institucional que nos facilitó el Patronato de la Alhambra para acceder al recinto-, con la que nos hizo creer que había pagado las raciones. O cuando se atrevió a pedir una Cruzcampo y el camarero contrariado le replicó que en Granada sólo hay sitio para la cerveza Alhambra. “Ah, bueno, usted perdone. Tengo que salir más de Madrid”, le espetó con ese gracejo colombiano y diplomático del que hace gala. Hubo tangos argentinos para amenizar los platos y, a continuación, helados en Los Italianos para endulzar la tarde.

Lástima que Vivi, Cristina, Conchi, Susana, Andrés, Jordi y Jesús –los artífices de La Voz del Mako- se hayan tenido que conformar con postales e imágenes del monumento, consuelo insuficiente para los que merecen mejor suerte. No nos olvidamos tampoco de los educadores que nos hicieron más amena la visita: Carmen, José Manuel y Mercedes. A Mercedes, especialmente, trasladarle nuestro agradecimiento por la ayuda que siempre nos ha prestado y por hacernos sentirnos cómodos en la cárcel.

Precisamente hace poco más de un año se nos ocurrió la idea de impartir un taller en el centro de Albolote y ayudar a los presos a que pudieran asomarse al exterior a través de la única ventana posible: el blog de la voz del Mako. Lo han hecho de forma irregular pero no hay nada que reprocharles. La responsabilidad es nuestra. Quizá no hayamos podido dedicarle el tiempo que a nosotros nos gustaría pero, si en algo coincidimos los que formamos parte de Giro Comunicación, es en que la aventura nos ha enriquecido. La mayor recompensa que hemos obtenido es contar con el cariño de los presos, un sentimiento compartido por todos los que formamos parte de Giro Comunicación.

[Nuestro agradecimiento al Patronato de la Alhambra por facilitarnos el acceso al monumento]

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